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A primera vista, el erizo de mar parece una pequeña bola espinosa varada en el fondo marino. Pero detrás de esa apariencia sencilla —y quizá hasta intimidante— se esconde una criatura fascinante, clave para nuestros océanos.

Pero… ¿Qué tipo de animal es realmente? ¿Cómo sobrevive, se desplaza y se alimenta en las profundidades?

Con un cuerpo cubierto de púas móviles, el erizo de mar no solo ha sabido protegerse, sino también desempeñar un papel esencial en el equilibrio ecológico de arrecifes y fondos marinos. Este pequeño ingeniero del ecosistema marino es mucho más que un “pincho” del océano: es una pieza vital en el rompecabezas de la biodiversidad.

Entender qué es un erizo de mar implica mirar más allá de lo evidente y adentrarse en un mundo donde la biología, la evolución y la ecología se entrelazan de formas sorprendentes.

Clasificación biológica del erizo de mar

El erizo de mar pertenece al Echinodermata, una rama del reino animal que agrupa a criaturas marinas de simetría radial y cuerpos cubiertos por estructuras calcáreas. Dentro de este filo, los erizos de mar están clasificados en la clase Echinoidea, que incluye cerca de 950 especies distribuidas en todos los océanos del planeta.

Los echinodermos se distinguen por un conjunto de características únicas: un sistema vascular acuático que mueve sus pies tubulares, una piel con placas calcáreas (como una armadura interna), y la sorprendente capacidad de regenerarse. Aunque no lo parezca, los erizos de mar están emparentados con estrellas y pepinos de mar, con quienes comparten una evolución que los ha hecho auténticos especialistas en adaptarse al fondo marino.

Desde las aguas tropicales del Pacífico hasta las profundidades heladas del Atlántico, los erizos de mar han colonizado cada rincón del océano. Y lo han hecho con una anatomía que no solo les da resistencia, sino también un lugar destacado en la historia evolutiva de la vida marina.

Morfología

El cuerpo del erizo de mar es una lección de eficiencia biológica.

Su forma globular no es casual: está diseñada para resistir la presión del entorno marino y maximizar su capacidad de defensa. En el centro de esta estructura se encuentra un esqueleto externo rígido, conocido como test, formado por placas calcáreas fusionadas que le dan solidez sin sacrificar flexibilidad.

Foto de researchgate

Estructura externa: una armadura viviente

  • Caparazón o “test”: Este esqueleto externo está formado por placas calcáreas fusionadas, visibles como una estructura rígida y esférica que sostiene todo el cuerpo.
  • Espinas (púas): Nacen desde los tubérculos primarios y se articulan gracias a una base móvil, lo que les da flexibilidad. Actúan como defensa y también facilitan el movimiento.
  • Pedicelarios: Pequeñas pinzas entre las espinas, que ayudan a limpiar el cuerpo del erizo y pueden defenderlo de parásitos o pequeños depredadores.
  • Pies ambulacrales: Se extienden por los poros del test y funcionan mediante presión hidráulica. Están controlados por el sistema vascular acuático, y son esenciales para la locomoción y la adherencia al sustrato.

Sistema vascular acuático: el motor interno

  • Madreporito: Es la entrada del agua al sistema vascular. Se localiza en la parte superior (aboral).
  • Conducto pétreo → Canal anular → Canal radial: Estos conductos distribuyen el agua hacia los pies ambulacrales, que se inflan y desinflan para permitir el movimiento.
  • Ampollas: Controlan la extensión y retracción de los pies, regulando la presión hidráulica.

Sistema digestivo: desde la boca hasta el ano

  • Linterna de Aristóteles: Visible en la parte inferior (oral), es una estructura de cinco dientes móviles usada para raspar y triturar alimento.
  • Boca → Esófago → Estómago → Intestino → Ano: El recorrido digestivo va desde la parte inferior hasta la superior del cuerpo.
  • Periprocto: Zona que rodea al ano, en la parte aboral (superior del erizo).

Órganos reproductivos y otras estructuras

  • Gónadas: Los órganos sexuales se encuentran dispersos en el interior y desembocan en los poros genitales en la parte superior.
  • Órgano axial, sifón y vesícula de Poli: Involucrados en el sistema circulatorio y de intercambio de líquidos.
  • Anillo nervioso y nervios radiales: Controlan los movimientos y respuestas sensoriales, aunque los erizos no tienen cerebro como tal.

Pero lo que más llama la atención, sin duda, son sus púas móviles. Estas espinas no solo cumplen una función disuasoria ante posibles depredadores, sino que también le permiten desplazarse por el sustrato marino con una torpeza controlada y, en ocasiones, hasta levantar partículas del fondo para alimentarse o camuflarse. Algunas especies, incluso, utilizan estas púas como herramientas rudimentarias para excavar pequeñas depresiones en las rocas y protegerse de las corrientes o del sol directo.

Junto a las púas, el erizo de mar cuenta con un sistema de pies tubulares que se extienden a través de diminutos orificios en el test. Estos apéndices, movidos por su sofisticado sistema vascular acuático, funcionan como ventosas: le permiten adherirse con fuerza a superficies rugosas, trepar lentamente por corales o algas, e incluso mantenerse estable en zonas con fuerte oleaje.

Este conjunto de estructuras —púas, test y pies tubulares— hacen del erizo de mar un experto en sobrevivir en un entorno tan bello como desafiante: el fondo del océano.

Alimentación del erizo de mar

El erizo de mar no solo es un habitante resistente, sino también un mantenedor natural del ecosistema marino. Su dieta, basada principalmente en algas y material orgánico en descomposición (detritos), lo convierte en un eficaz controlador del crecimiento algal, lo que evita que las algas se apoderen de los arrecifes de coral.

Para cumplir esta función ecológica, el erizo de mar cuenta con una estructura bucal tan compleja como intrigante: la linterna de Aristóteles. Este aparato, situado en la parte inferior del cuerpo, está compuesto por cinco dientes calcificados que se mueven en sincronía para raspar superficies rocosas, triturar algas adheridas y desgarrar pequeños organismos marinos.

El movimiento de esta estructura es constante y silencioso, una especie de masticación lenta pero implacable que mantiene limpio el ecosistema. En zonas donde abundan los erizos de mar, los arrecifes pueden mantenerse libres de invasiones algales gracias a su meticuloso trabajo de limpieza.

Hábitat: de arrecifes a profundidades extremas

Los erizos de mar han conquistado prácticamente todos los rincones del océano. Su hogar natural se encuentra en el fondo marino, donde prefieren asentarse sobre corales, rocas o alfombras de algas. Estas superficies les permiten encontrar alimento con facilidad y ofrecen puntos de anclaje para resistir el embate de las corrientes.

Su rango de profundidad es simplemente impresionante: mientras que muchas especies viven a unos pocos metros de la superficie, otras pueden encontrarse a más de 7,000 metros de profundidad. Esta amplitud habla de una capacidad de adaptación extraordinaria a condiciones extremas de luz, presión y temperatura.

Ya sea en las aguas templadas del Atlántico o en los abismos oscuros del Pacífico, el erizo de mar ha sabido hacerse un lugar, demostrando que incluso los animales más sencillos en apariencia pueden esconder una asombrosa versatilidad.

Reproducción: la vida bajo el agua continúa

Como muchos organismos marinos, el erizo de mar se reproduce de forma sexual, mediante fecundación externa. Durante el desove, tanto machos como hembras liberan sus gametos en el agua, donde ocurre la fertilización. Esta estrategia requiere cierta sincronía ambiental, y suele estar ligada a cambios en la temperatura, las mareas o la luna.

Un dato curioso y menos conocido es que las gónadas del erizo —órganos reproductores— son altamente valoradas en la gastronomía de varios países, especialmente en Japón, Italia y Chile. Conocidas como uni en la cocina japonesa, estas gónadas se consideran un manjar por su textura cremosa y sabor salino, con matices a yodo y mar.

Así, el erizo de mar, además de tener una función ecológica vital, también forma parte del patrimonio culinario de múltiples culturas costeras.

Importancia ecológica: el rol silencioso del equilibrio marino

Aunque suele pasar desapercibido, el erizo de mar es uno de los grandes reguladores de la vida marina. Su alimentación basada en algas contribuye al control natural del crecimiento vegetal en los arrecifes, evitando que estas cubran y asfixien los corales.

Gracias a su actividad diaria de raspado y limpieza, se les considera “ingenieros del ecosistema”: animales que, sin modificar drásticamente su entorno, permiten que otros organismos prosperen. Al mantener el equilibrio entre algas y corales, ayudan a preservar la biodiversidad y la estructura del ecosistema marino.

En ecosistemas donde los erizos desaparecen por sobrepesca o contaminación, los efectos se sienten rápidamente: proliferación de algas, muerte de corales y disminución de especies asociadas. Son, sin duda, piezas clave de un rompecabezas ecológico mucho más grande.

Un pequeño titán del océano

Entonces, ¿qué animal es un erizo de mar?

Es mucho más que una esfera espinosa que rueda por el lecho marino. Es un sobreviviente milenario, un jardinero incansable, un arquitecto del equilibrio submarino. Es también un manjar para algunos y una curiosidad para otros. Pero, sobre todo, es un recordatorio de que incluso las criaturas más modestas pueden tener un impacto gigantesco en el funcionamiento del planeta.

La próxima vez que veas uno en una roca o en un documental, míralo con otros ojos: estás observando a un verdadero guardián del océano.

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